En Puerto Rico, los primeros carnavales tuvieron su precedente en los bailes de máscaras o mascaradas callejeras del día de San Pedro, instituidas bajo el gobierno de Miguel de la Torre (1822-1837) con el propósito de distraer a la población de la mala administración del País y de las revoluciones que se estaban dando en centro y sur América para lograr la independencia de España.
Tradicionalmente, en la madrugada del día en que se iniciaba la festividad, un grupo de músicos caminaba por las calles interpretando música jíbara. A esta costumbre le llamaban “alboradas”. Durante el día se realizaba el desfile del rey Momo, junto a los vejigantes, cabezudos y comparsas. Además, participaban las estudiantinas (tunas) o comparsas de estudiantes, quienes pedían donaciones para costear sus estudios. La fiesta concluía con la caída del sol.